Así como la adrenalina corre en las mesas de poker en cada mano, permitiéndonos estar alertas a lo que sucede a nuestro alrededor y reaccionar rápidamente, la ansiedad y frustración que nos provoca tener una mala racha o encontrarnos en situaciones difíciles puede ocasionarnos el “tilt” tan temido por todos los jugadores de poker.
El problema más grave del tilt es que, si no caemos rápidamente en la cuenta de que estamos en un quiebre emocional, nuestro juego (y nuestro bankroll) se verá inevitablemente afectado por malas decisiones, lo que causará más ansiedad, haciendo muy difícil la salida de ese círculo vicioso.
Obviamente, no estamos hablando de la frustración natural pasajera que podemos sentir al perder una mano, especialmente si jugamos en forma correcta o teníamos buenas cartas, con pocas posibilidades de fracasar. Nos referimos al estado emocional que nos hace perder claridad y objetividad en el análisis del juego, dos factores fundamentales en la correcta toma de decisiones en una mesa de poker.
Si estamos habituados a mirar poker por televisión, por ejemplo, y observamos la conducta de los grandes jugadores, veremos que nunca pierden la calma, pocas veces se los ve realmente tensos en la mesa, e incluso conservan el buen humor, aún en malas situaciones. Esto ha requerido, seguramente, un gran esfuerzo y una puesta en práctica permanente del autocontrol. Por ello son capaces de analizar una jugada con frialdad, sin emocionalidad alguna. Y si bien, cuando pierden, no deben estar, seguramente, muy felices, pueden controlar sus reacciones.
Otro tema importante del tilt es que, al afectar nuestro razonamiento, afecta nuestra estrategia. Porque empezaremos a hacer modificaciones para “reparar” errores cometidos, reales o supuestos, y terminaremos jugando sin ningún método. Siempre debemos recordar que no tenemos un límite de tiempo real para recuperarnos, que lo que perdemos hoy podemos recuperarlo mañana, y que los resultados en el poker se ven a largo plazo: una ronda de poker no determina nuestro nivel de juego.
También hay que cuidarse del “tilt” opuesto, el que se produce con las rachas ganadoras: comenzamos a creer que todo nos saldrá bien y descuidamos nuestra estrategia y nuestro juego. La euforia del triunfo también es una forma de descontrol emocional. Debemos cuidarnos de ambos extremos: la depresión y la euforia.




