Agresividad sí o no

Muchas veces nos habremos preguntado, tras haber perdido una mano, si hemos sido demasiado agresivos o, por el contrario, no presionamos lo suficiente. Anque la agresividad en el juego es muchas veces necesaria, demasiada agresividad puede traernos problemas.

Para una persona naturalmente no agresiva (en la vida), quizás resulte difícil ser agresiva en el poker. Pero se puede aprender. Hay distintos modos de hacerlo.

Uno sería el auto-convencimiento: si nos repetimos permanentemente que debemos ser agresivos, es probable que finalmente terminemos creyéndolo y actuemos de ese modo. Pero también debemos aprender cuándo serlo.

El otro modo es entendiendo por qué es necesario, a veces, jugar poker en forma agresiva. Esto es, incorporar el concepto, entender el modo y el momento para jugar en forma agresiva y también entender cuándo no hacerlo. De esta manera terminaremos incorporando en forma natural la agresividad como una técnica de juego, a usar en el momento justo.

Si presionamos demasiado a jugadores débiles o pasivos, probablemente lo único que conseguiremos es que finalmente también comiencen a jugar en forma agresiva contra nosotros, o se retiren de la mesa. Estaríamos perdiendo el control del juego, en lugar de mantener las cosas en el lugar en el que las necesitamos para ganar más dinero.

Entonces, una agresividad exagerada es perjudicial. El deseo de ganar y una confianza extrema en nuestras habilidades pueden llevarnos a ese punto. Cada vez que llega nuestro turno de jugar, tenemos 3 opciones básicas: abandonar, ver, apostar. Y no siempre el juego más agresivo es el más conveniente. Si lo mejor es abandonar, pues, abandonaremos.

El secreto está en identificar las situaciones en las que debemos ser agresivos y aquellas en las que debemos ser pasivos. Analizar muchas manos, nuestras y ajenas, puede ayudarnos a identificar las situaciones en las que conviene uno u otro estilo de juego. El resto tendrá que ver, claro, con la situación particular de la mesa, el estilo de nuestros oponentes y, en última instancia, el factor que no podemos controlar: las cartas que nos toquen.

Pasando del poker online al poker en vivo

Acabas de conseguir tu clasificación online para un torneo de poker en vivo. Pronto estarás sentado en una mesa con otros jugadores de poker. ¿Tienes ya preparada tu estrategia? Porque debes saber que no es lo mismo jugar poker online que en vivo. Te contamos las diferencias.

En primer lugar, el poker en vivo es bastante más lento que el poker online. Cada mano lleva más tiempo. En el poker online se juegan por hora, en promedio, unas 80 manos, mientras que en el poker en vivo el promedio es de 30 manos. Es importante no perder la concentración, ya que el juego puede resultar aburrido a quienes no están acostumbrados a ese ritmo. Podemos usar el tiempo para observar a nuestros oponentes.

En segundo lugar, en el poker en vivo el juego es más liviano, en el sentido de que los jugadores experimentados juegan en forma conservadora y casi se puede garantizar que, si suben, es porque tienen una gran mano. También podemos encontrar más jugadores inexpertos, por lo que el juego se puede tornar bastante predecible.

En los juegos en vivo los jugadores pasan mucho más que en el poker online. Y esta diferencia es importante, ya que esta jugada no indica nada acerca de su mano. Además, es difícil que abandonen en el pre-flop. El juego en general es más pasivo: muchos prefieren ver una apuesta a subir, si tienen proyectos, y esperar ver qué trae la siguiente calle.

En el poker en vivo es menos probable llegar a heads-up; en general llegan más de 2 jugadores al final de la mano. Esto significa que hay más probabilidades de que alguno tenga una buena mano.

Hay que tener cuidado con el stack: mucho más frecuentemente que en el poker online nos encontrarnos en el poker en vivo jugando con ciegas altas, y viendo apuestas altas en el turne y el river.

Más allá de las diferencias, el objetivo es el mismo: obligar al adversario a abandonar antes del showdown, o llegar a ese momento con la mejor mano.

El subconsciente del jugador de poker

Imaginemos una situación: estamos en una partida No Limit Hold’em, de ciegas $5/10, contra un jugador que, lo sabemos, es poco imaginativo y extremadamente conservador. Tenemos un par medio y nuestro rival acaba de subir la apuesta. Miramos nuestras cartas, las cartas del board, a nuestro rival. Sabemos exactamente lo que deberíamos hacer: no ver apuestas con manos marginales como la que tenemos porque, a la larga, tienen un valor esperado negativo. Sabemos que debemos abandonar. Vamos a hacerlo, aunque , en el fondo, tenemos una ligerísima sospecha de que nuestro rival está solo faroleando y nos gustaría comprobarlo. De repente escuchamos una voz que sale de nuestra propia boca diciendo: “Veo”. Por supuesto, nuestro rival no faroleaba y perdemos nuestras fichas de la manera más tonta.

La explicación para esta situación es puramente psicológica. Se trata de algo tan conocido como el subconsciente. Cuando tratamos de suprimir un pensamiento, este realmente no desaparece, sino que pasa a otro plano de consciencia. Requiere de un esfuerzo no permitir que vuelva a aflorar. Pero acá aparece otro fenómeno: cuando el nivel de estrés sube, cuando sufrimos presión, estos pensamientos suprimidos vuelven al primer plano. Esto es lo que sucede en el momento en que decimos “Veo”, cuando unos pocos segundos antes decidimos no hacerlo. Esto es lo que sucede cuando entramos en tilt: sabemos que debemos retirarnos de la mesa; sin embargo, no lo hacemos.

No hay una fórmula para solucionar esto, sólo tratar de calmarnos, respirar profundamente y suprimir esforzadamente todos aquellos pensamientos que nos lleven a cometer errores, ya sea por curiosidad, necesidad de revancha o cualquier otro motivo no válido si queremos jugar poker inteligente y ganador. Se pueden tomar “atajos” psicológicos que nos ayuden a manejar el estrés y postergar por unos instantes la toma de decisiones si creemos que podemos llegar a cometer un error. Esto también se aprende con la práctica. Y con mucha disciplina.