Agresividad sí o no

Muchas veces nos habremos preguntado, tras haber perdido una mano, si hemos sido demasiado agresivos o, por el contrario, no presionamos lo suficiente. Anque la agresividad en el juego es muchas veces necesaria, demasiada agresividad puede traernos problemas.

Para una persona naturalmente no agresiva (en la vida), quizás resulte difícil ser agresiva en el poker. Pero se puede aprender. Hay distintos modos de hacerlo.

Uno sería el auto-convencimiento: si nos repetimos permanentemente que debemos ser agresivos, es probable que finalmente terminemos creyéndolo y actuemos de ese modo. Pero también debemos aprender cuándo serlo.

El otro modo es entendiendo por qué es necesario, a veces, jugar poker en forma agresiva. Esto es, incorporar el concepto, entender el modo y el momento para jugar en forma agresiva y también entender cuándo no hacerlo. De esta manera terminaremos incorporando en forma natural la agresividad como una técnica de juego, a usar en el momento justo.

Si presionamos demasiado a jugadores débiles o pasivos, probablemente lo único que conseguiremos es que finalmente también comiencen a jugar en forma agresiva contra nosotros, o se retiren de la mesa. Estaríamos perdiendo el control del juego, en lugar de mantener las cosas en el lugar en el que las necesitamos para ganar más dinero.

Entonces, una agresividad exagerada es perjudicial. El deseo de ganar y una confianza extrema en nuestras habilidades pueden llevarnos a ese punto. Cada vez que llega nuestro turno de jugar, tenemos 3 opciones básicas: abandonar, ver, apostar. Y no siempre el juego más agresivo es el más conveniente. Si lo mejor es abandonar, pues, abandonaremos.

El secreto está en identificar las situaciones en las que debemos ser agresivos y aquellas en las que debemos ser pasivos. Analizar muchas manos, nuestras y ajenas, puede ayudarnos a identificar las situaciones en las que conviene uno u otro estilo de juego. El resto tendrá que ver, claro, con la situación particular de la mesa, el estilo de nuestros oponentes y, en última instancia, el factor que no podemos controlar: las cartas que nos toquen.

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